El duende

Estamos hablando del setentaytantos. Yo cantaba en un tablao que se llamaba El Matapecao, anexo a la Edad de Oro. [...] Al tablao me llevó un negociante que era cineasta, discípulo de Buñuel, Juan Ibáñez. [...] Un día Juan dice: «Viene un amigo, tienes que volver a cantar otra vez, Enrique». Yo ya me iba, me esperaban dos o tres gachís a la puerta. «Enrique, por favor, que ya ha llegado este amigo, súbete». Yo: «¿Pues no iba a haber venío?». «Es que ha llegado tarde, canta algo». «Pero si ya no hay nadie». «Hombre, un favor que te pido, sube y canta... Ven, que te voy a presentar a mi amigo». El amigo estaba sentado tal que ahí, yo lo saludo. «Ven a tomar una copa». Y se fue a levantar para darme la mano pero no podía, estaba mareado. Y ya me siento allí y le digo: «Juan, ¿qué le voy a cantar a este hombre? Si a este hombre lo que le hace falta es una ducha». Yo, con mi ingenuidad, que es sincera. Y este hombre que se tiraba de risa. El borracho era Octavio Paz.

Enrique Morente en conversación con Bruno Galindo: Omega. Historia oral (Lengua de Trapo, 2011)

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