Quien interpreta este poemario se impregna de él -se contamina- y casi acaba escribiendo poesía para comentar poesía. Hay que buscar el sentido de la música de Folk, el ritmo, la cadencia de una escritura que, en su aparente ininteligibilidad, es política: en este Folk asturiano se imprime la garra de la crisis, el ganado, la lengua vernácula, la minería, el paro, los brotes verdes, la sucesión mortuoria de los outlets y La Internacional. En esa poesía hay pintadas en las paredes que forman parte del paisaje: una manera desestructurada y rota de aproximarse a una realidad desestructurada y rota. El hermetismo de Folk no expulsa al lector, no lo aísla, le deja espacio: un hermetismo ético expresa la connotación política de las aristas y los filos, de las dificultades. En la contemporaneidad más radical, una antigua voz va permeabilizando el discurso poético con diálogos y fantasmagorías adivinadas entre la lluvia lenta del norte. Las grúas se mezclan con las nanas y el lector se pregunta qué debería sentir o si de verdad lo que hay que hacer cuando se lee poesía es sentir algo. O se trata de otra cosa. La poesía de Fruela Fernández es un oportuno elogio de la pereza en estos tiempos de hiperactividad y convulsiones: el placer de quien se permite “perder el tiempo” regodeándose en intuiciones y en delicadísimos poemas que quizá son de amor: Niña con tiempo/y calcetines largos,/ de tan médula fina-.
Hola, eslabón
El Primer
Motor de la causa celeste,
cuando creó
la bella cadena del amor,
grande fue su
arte y alta su intención.
Bien sabía
por qué, y cuánto pretendía,
pues con la bella
cadena del amor unió
al fuego, al
aire, al agua y a la tierra
con límites
fijados que no han de superar.
Ese Motor y
príncipe también estableció
un número de
días y una duración
a todo lo
engendrado en el mísero mundo.
De ese día
preciso nada debe pasar,
aunque los
días tales bien puedan acortarse:
no hace
falta aquí citar autoridad,
ya que es
cosa probada en experiencia.
Así pueden los
hombres discernir de este orden
que aquel Motor es estable y eterno.
Bien sabe todo
hombre, con que no sea necio,
que cada
parte deriva de un todo.
Pues la
naturaleza no tuvo su comienzo
en trozo o en porción de cosa alguna,
sino en cosa
que es perfecta y duradera,
y de ahí
desciende, siendo corrompida.
Y de este
modo él, con su gran providencia,
tan bien
concluyó su ordenamiento,
que las
especies de cosas y de progresiones
habrán de decaer
por sucesiones
y nada será
eterno, no es mentira.
Cualquiera
lo comprende, y el ojo lo confirma.
: Geoffrey Chaucer (circa 1680): "The Tale's Knight" (fragmento). Traducción de Fruela Fernández.
: Fleetwood Mac (1977): "The Chain".
La familia extendida
Costarricamente,
el gran Luis Chaves -autor de Asfalto y Chan Marshall,
hermano de servicios heroicos-
ha sacado una nota, breve y luminosa, sobre Folk
en su blog.
¡gracias, bródel!
el gran Luis Chaves -autor de Asfalto y Chan Marshall,
hermano de servicios heroicos-
ha sacado una nota, breve y luminosa, sobre Folk
en su blog.
¡gracias, bródel!
No vamos a guardar la ropa
Yo ha cantao mucho, yo siempre ha dío cantando, y hoy le digo a mis niñas, digo: ¡dejarme que yo me voy a morir cantando! No quiero dir más a ningún lao, pero como yo no me pueo dejar otavía der cante y mientras yo puea yo me tengo que morir cantando: me vi a estar muriendo y vi a estar en la cama cantando pa que estén ustedes a mi vera con alegría esperando que me muera.
*Anica la Periñaca con Manuel Morao (1973).
**Anica la Periñaca con José Luis Ortiz Nuevo (1987): Yo tenía mu güena estrella
Sergio Fanjul presenta Folk
Me gusta mucho que el libro de
Fruela se titule Folk, porque Folk es un título que se parece
mucho al propio Fruela.
Folk se refiere a la tierra, al
terruño, y Fruela escribe con una pierna hundida en el barro y con la cabeza
revoloteando por las alturas. Son poemas que yo veo como escaleras llenas de
chispazos sobre las que uno avanza saltando, ingrávido - no aptos para
epilépticos. Este libro acaricia mis sentidos más refinados, sí, pero también
me huele a mina, a grisú, a hierba recién cortada, a arena de la playa, a orbayu,
a los aceites de la gran industria y al cucho asturiano. Así es el propio
Fruela, que cuando sales por ahí con él de copeteo lo mismo te habla de
Vladimir Holan o John Ashbery que de los prejubilados de la mina, esos que
dicen en la taberna “esta copa la paga Hunosa, cagonrós”. O de la extraña
naturaleza del oso pardo en el imaginario de los paisanos de las montañas, que
no conciben a los osos como una multiplicidad de seres sino como uno solo, al
que llaman genéricamente “el osu”: "Vino el osu…". O de aquel hombre
que se encontró en Somiedo a un oso amenazante sobre dos patas y solo supo
decir: “¿Vas comeme, hijoputa?”. Fruela siempre anda contando al personal este
tipo de anécdotas, porque Fruela, el poeta errante que ha vivido por todas partes,
como digo, es muy folk y muy de la Asturias más honda.
Me gusta también que las
cubiertas sean rojas, porque este libro huele a veces a neumáticos quemados, y
a fallida reconversión industrial -cuando Fruela cuenta que, en la cuenca
minera, ese mundo que parece que está a punto de acabarse, durante la huelga
general no se mueve ni Dios. Y sobrevuela todo el libro esa pesadumbre que se
le achaca a la cuenca, ese cielo de metal, esa desesperanza endémica. Esa
melancolía que, no sé si acertadamente, se nos achaca a los asturianos.
Folk suena a música folk, es
decir, a la melomanía de Fruela. A mí la primera prueba de esta melomanía me la
dio minutos después de conocerlo. Yo había ido a cubrir el festival
Cosmopoética que Fruela codirigía en Córdoba junto con Carlos Pardo y Curro
Bernier. Al poco de llegar al hotel conocí a aquel tipo con pinta de El Joven
Isaac Asimov y le hice una breve entrevista en la que me dijo, con sonido de
gran titular: “Cosmopoética es, salvando las distancias, el Primavera Sound de
la poesía”.
Y Folk, por último, es un término
inglés, y yo a Fruela, aparte de que es doctor en traducción, le veo muy
anglófilo, muy briti (como le dice su
madre), y encima vive en un sitio al norte del norte llamado Hull que, al fin y
al cabo, no me imagino muy diferente a Sama de Langreo.
Me parece tan preciso este título
como los propios poemas que contiene, y lo identifico tanto con Fruela, que yo
le cambiaría el nombre al poeta y pondría en su Documento Nacional de
Identidad: Folk Fernández, el poeta volador.
Texto leído por Sergio en la presentación madrileña de Folk (15 de marzo, Tipos Infames).
Puestos a recordar
Viernes 15 de marzo a las 20h:
presentación de Folk
en la librería Tipos Infames
con Carlos Pardo, Sergio Fanjul, Emilio Rivas
y otras bondades inesperadas.
Secar a un gato
1.
Toda la mañana
dibujando
apariciones –
el gesto
del descenso,
así,
aquí te alcanzo,
la mano por la
frente,
el espinazo atento,
el hilo
de hormigas
del amor
2.
Bajas,
parte
del sótano es tuyo,
dices:
Baja,
vamos
por mi parte
de sótano,
a palpo,
vamos
raspándonos,
lengua de gato
3.
Niña con tiempo
y calcetines largos,
de tan médula fina –
Sabemos las direcciones
en la yerba alta,
dormimos a pigazos,
guardamos el nido
de los cuatro tobillos
Fruela Fernández: Folk (2013)
*
poema muy apropiado para celebrar el 20 de febrero,
Día Mundial del Gato
Reginald Shepherd (1963-2008): Tú, por tanto
A Robert
Philen
Tú eres como yo, tú también morirás, pero no
hoy:
tú, inconmensurable, por tanto las horas
brillan:
si te digo “Te digo”, no se te ha puesto
música, no te retransmite
en directo una radio fantasma,
quizá nunca haya óleo
o boceto al carbón de un Maestro Antiguo: concuerdas
en persona, número, voz y lugar, las fresas
se extienden por tu nombre
como matas brotando, cómo me recuerdas
a cierta primavera, frías y claras las aguas
(lluvia tardía en tus hojas, mecidas por la
brisa),
por eso aconteces con la luna herbal:
y eres un lirio, un áster, trilio blanco
o viburno, mío de pleno derecho, estrella
blanca
en cielo de llanura, la nieve aún llega
de sus viajes terrestres, aquí donde
no hay nieve (soñé que la nieve eras tú
cuando había nieve), tú eres mi derecho,
eres mi lecho (tu cuerpo toma
las dimensiones del sueño, la forma del sueño
se hace tú): y caes del cielo
con flores diversas, palabras se derraman de
tu boca
en oleada, tus labios saben a mar, dulces de
sal (los árboles
y los mares han partido, a eso le llamo
amarte): hogar en ningún lugar, por tanto tú,
especie de morada y bienvenida, canción después
de todo,
libre de todo edén que podamos nombrar
Traducción de Fruela Fernández
Christian Morgenstern (1871-1914): La comadreja esteticista
Aquella comadreja
robó una madeja
de buen hilo de oveja.
¿Por qué fue tan zorruna?
La vaca de la luna
me lo contó
en la mina:
La refina-
da bestia
lo hizo por la rima.
Traducción de Fruela Fernández
Abraham Gragera (1973): El león, la herida y la rosa
No sé de
dónde vuelven, tan abstractos,
ni quién
empuja a quién, por qué se siguen,
por las
calles vacías de sí mismos,
como voz al
aliento hasta su casa.
Más que un
cuadro componen un emblema,
como dos
animales fabulosos
o demasiado
ciertos para ser
precisos,
como dos alrededores
que se
juntan sin más a cada instante
para ver si
el aliento está en su casa,
o dos
despalabrados que se besan
por creer
que una casa es solamente
allí donde
el aliento llega antes.
No sé con
qué decirlos,
si aún deben
cumplirse en mi palabra
para estar
en mi sangre como el rumbo
que recorrió
su sangre hasta su cuerpo,
o se han
cumplido ya, como sus gestos
en mi modo
de andar o de dormir,
de llamar a
las cosas por su ausencia,
por pura
educación de lo que existe,
o de amar
los milagros sin creer
en milagros;
si son, más que un enfermo,
una silla,
una mujer; o mi padre,
mi madre y
una enfermedad cualquiera,
un león, una
herida y una rosa
en un jardín
municipal, fundidos
como el
viento y el árbol
hacen carne.
Es demasiado pronto
para que los
recuerden, para ser
sólo un
producto de la fantasía,
hijos de una
literatura escasa
para lo que
vivieron, padres de una
gran emoción
política, testigos
de la
resurrección. La primavera
se ha
equivocado un poco en sus figuras,
los ha
dispuesto en un lugar visible,
entre la
furia y la delicadeza,
ajenos a la
culpa y al perdón,
para ensayar
su panta rhei qui tollis
peccata
mundi con las otras
cosas;
inmunes a
mis ojos.
Feliz Nocheviejaccióndegraciasdíadeltrabajo
-La hipótesis más extendida es que volvimos ayer por la noche.
Amigo un poco fiéster. Malasaña, 2 de enero de 2013
Lêdo Ivo (1924-2012): Nuestra Señora de la Corriente
Sólo Dios y los murciélagos habitan
en la Iglesia de Nuestra Señora de la Corriente.
El espíritu invisible se cierne entre los altares
roídos y el viento de Penedo
ciega lentamente los ojos de los santos
que los turistas y anticuarios no conseguirán robar.
Dios es barroco. Dios es como los murciélagos:
volando de noche entre los espacios estrellados
procura chupar la sangre de los hombres
que ennegrecen el día con sus pecados.
En la bóveda de la iglesa que el río a veces invade
los murciélagos esconden su cielo alegórico
eternamente encubierto a los pecadores.
¡Oh cielo negro de los hombres! Bajo el entarimado roto
las ratas se inclinan ante la Presencia eucarística.
Y Nuestra Señora de la Corriente, patrona de los ratones y los murciélagos,
entre flores de papel y velas hediondas
comparte la soledad divina.
¡Oh madre de los hombres, que sonríe radiante en su abandono
como mi propia madre, ruega por mí!
en la Iglesia de Nuestra Señora de la Corriente.
El espíritu invisible se cierne entre los altares
roídos y el viento de Penedo
ciega lentamente los ojos de los santos
que los turistas y anticuarios no conseguirán robar.
Dios es barroco. Dios es como los murciélagos:
volando de noche entre los espacios estrellados
procura chupar la sangre de los hombres
que ennegrecen el día con sus pecados.
En la bóveda de la iglesa que el río a veces invade
los murciélagos esconden su cielo alegórico
eternamente encubierto a los pecadores.
¡Oh cielo negro de los hombres! Bajo el entarimado roto
las ratas se inclinan ante la Presencia eucarística.
Y Nuestra Señora de la Corriente, patrona de los ratones y los murciélagos,
entre flores de papel y velas hediondas
comparte la soledad divina.
¡Oh madre de los hombres, que sonríe radiante en su abandono
como mi propia madre, ruega por mí!
Traducción de Mario Bojórquez
Mahmud Darwix (1941-2008): Sobre esta tierra
Sobre esta tierra hay por qué vivir: los
titubeos de abril, el olor del pan al amanecer, el amuleto que una mujer
le da a un hombre, las obras de Esquilo, los comienzos del amor, la
hierba sobre una piedra, madres en vilo por el hilo de una flauta, y el
miedo de los invasores a los recuerdos.
Sobre esta tierra hay por qué vivir: los últimos días de septiembre, una mujer que sale de los cuarenta como melocotón maduro, la hora del sol en la cárcel, nubes que semejan un tropel de criaturas, los vítores de un pueblo a quienes encaran risueños la muerte, y el miedo de los tiranos a las canciones.
Sobre esta tierra hay por qué vivir: sobre esta tierra señora de la tierra, madre de los inicios y madre de los finales. Se llamaba Palestina. Se sigue llamando Palestina. Mi señora: yo tengo, porque tú eres mi señora, tengo por qué vivir.
Sobre esta tierra hay por qué vivir: los últimos días de septiembre, una mujer que sale de los cuarenta como melocotón maduro, la hora del sol en la cárcel, nubes que semejan un tropel de criaturas, los vítores de un pueblo a quienes encaran risueños la muerte, y el miedo de los tiranos a las canciones.
Sobre esta tierra hay por qué vivir: sobre esta tierra señora de la tierra, madre de los inicios y madre de los finales. Se llamaba Palestina. Se sigue llamando Palestina. Mi señora: yo tengo, porque tú eres mi señora, tengo por qué vivir.
Traducción de Luz Gómez García
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