Un hermetismo ético

Quien interpreta este poemario se impregna de él -se contamina- y casi acaba escribiendo poesía para comentar poesía. Hay que buscar el sentido de la música de Folk, el ritmo, la cadencia de una escritura que, en su aparente ininteligibilidad, es política: en este Folk asturiano se imprime la garra de la crisis, el ganado, la lengua vernácula, la minería, el paro, los brotes verdes, la sucesión mortuoria de los outlets y La Internacional. En esa poesía hay pintadas en las paredes que forman parte del paisaje: una manera desestructurada y rota de aproximarse a una realidad desestructurada y rota. El hermetismo de Folk no expulsa al lector, no lo aísla, le deja espacio: un hermetismo ético expresa la connotación política de las aristas y los filos, de las dificultades. En la contemporaneidad más radical, una antigua voz va permeabilizando el discurso poético con diálogos y fantasmagorías adivinadas entre la lluvia lenta del norte. Las grúas se mezclan con las nanas y el lector se pregunta qué debería sentir o si de verdad lo que hay que hacer cuando se lee poesía es sentir algo. O se trata de otra cosa. La poesía de Fruela Fernández es un oportuno elogio de la pereza en estos tiempos de hiperactividad y convulsiones: el placer de quien se permite “perder el tiempo” regodeándose en intuiciones y en delicadísimos poemas que quizá son de amor: Niña con tiempo/y calcetines largos,/ de tan médula fina-.
 
Marta Sanz, El Confidencial, 4 de mayo de 2013

 
Armour of the Shroud by Bobb Trimble on Grooveshark

Hola, eslabón


El Primer Motor de la causa celeste,
cuando creó la bella cadena del amor,
grande fue su arte y alta su intención.
Bien sabía por qué, y cuánto pretendía,
pues con la bella cadena del amor unió
al fuego, al aire, al agua y a la tierra
con límites fijados que no han de superar.
Ese Motor y príncipe también estableció
un número de días y una duración
a todo lo engendrado en el mísero mundo.
De ese día preciso nada debe pasar,
aunque los días tales bien puedan acortarse:
no hace falta aquí citar autoridad,
ya que es cosa probada en experiencia.
Así pueden los hombres discernir de este orden
que aquel Motor es estable y eterno.
Bien sabe todo hombre, con que no sea necio,
que cada parte deriva de un todo.
Pues la naturaleza no tuvo su comienzo
en trozo o en porción de cosa alguna,
sino en cosa que es perfecta y duradera,
y de ahí desciende, siendo corrompida.
Y de este modo él, con su gran providencia,
tan bien concluyó su ordenamiento,
que las especies de cosas y de progresiones
habrán de decaer por sucesiones
y nada será eterno, no es mentira.
Cualquiera lo comprende, y el ojo lo confirma.


 
The Chain by Fleetwood Mac on Grooveshark
 
: Geoffrey Chaucer (circa 1680): "The Tale's Knight" (fragmento). Traducción de Fruela Fernández.
: Fleetwood Mac (1977): "The Chain".

La familia extendida

Costarricamente,
el gran Luis Chaves -autor de Asfalto y Chan Marshall
hermano de servicios heroicos-
ha sacado una nota, breve y luminosa, sobre Folk
en su blog.
¡gracias, bródel!

No vamos a guardar la ropa



Yo ha cantao mucho, yo siempre ha dío cantando, y hoy le digo a mis niñas, digo: ¡dejarme que yo me voy a morir cantando! No quiero dir más a ningún lao, pero como yo no me pueo dejar otavía der cante y mientras yo puea yo me tengo que morir cantando: me vi a estar muriendo y vi a estar en la cama cantando pa que estén ustedes a mi vera con alegría esperando que me muera.

*Anica la Periñaca con Manuel Morao (1973).
**Anica la Periñaca con José Luis Ortiz Nuevo (1987): Yo tenía mu güena estrella

Sergio Fanjul presenta Folk



Me gusta mucho que el libro de Fruela se titule Folk, porque Folk es un título que se parece mucho al propio Fruela.


Folk se refiere a la tierra, al terruño, y Fruela escribe con una pierna hundida en el barro y con la cabeza revoloteando por las alturas. Son poemas que yo veo como escaleras llenas de chispazos sobre las que uno avanza saltando, ingrávido - no aptos para epilépticos. Este libro acaricia mis sentidos más refinados, sí, pero también me huele a mina, a grisú, a hierba recién cortada, a arena de la playa, a orbayu, a los aceites de la gran industria y al cucho asturiano. Así es el propio Fruela, que cuando sales por ahí con él de copeteo lo mismo te habla de Vladimir Holan o John Ashbery que de los prejubilados de la mina, esos que dicen en la taberna “esta copa la paga Hunosa, cagonrós”. O de la extraña naturaleza del oso pardo en el imaginario de los paisanos de las montañas, que no conciben a los osos como una multiplicidad de seres sino como uno solo, al que llaman genéricamente “el osu”: "Vino el osu…". O de aquel hombre que se encontró en Somiedo a un oso amenazante sobre dos patas y solo supo decir: “¿Vas comeme, hijoputa?”. Fruela siempre anda contando al personal este tipo de anécdotas, porque Fruela, el poeta errante que ha vivido por todas partes, como digo, es muy folk y muy de la Asturias más honda.


Me gusta también que las cubiertas sean rojas, porque este libro huele a veces a neumáticos quemados, y a fallida reconversión industrial -cuando Fruela cuenta que, en la cuenca minera, ese mundo que parece que está a punto de acabarse, durante la huelga general no se mueve ni Dios. Y sobrevuela todo el libro esa pesadumbre que se le achaca a la cuenca, ese cielo de metal, esa desesperanza endémica. Esa melancolía que, no sé si acertadamente, se nos achaca a los asturianos.


Folk suena a música folk, es decir, a la melomanía de Fruela. A mí la primera prueba de esta melomanía me la dio minutos después de conocerlo. Yo había ido a cubrir el festival Cosmopoética que Fruela codirigía en Córdoba junto con Carlos Pardo y Curro Bernier. Al poco de llegar al hotel conocí a aquel tipo con pinta de El Joven Isaac Asimov y le hice una breve entrevista en la que me dijo, con sonido de gran titular: “Cosmopoética es, salvando las distancias, el Primavera Sound de la poesía”.


Y Folk, por último, es un término inglés, y yo a Fruela, aparte de que es doctor en traducción, le veo muy anglófilo, muy briti (como le dice su madre), y encima vive en un sitio al norte del norte llamado Hull que, al fin y al cabo, no me imagino muy diferente a Sama de Langreo.


Me parece tan preciso este título como los propios poemas que contiene, y lo identifico tanto con Fruela, que yo le cambiaría el nombre al poeta y pondría en su Documento Nacional de Identidad: Folk Fernández, el poeta volador.

Texto leído por Sergio en la presentación madrileña de Folk (15 de marzo, Tipos Infames).

Puestos a recordar


Viernes 15 de marzo a las 20h:
presentación de Folk
en la librería Tipos Infames
con Carlos Pardo, Sergio Fanjul, Emilio Rivas
y otras bondades inesperadas.

Secar a un gato


1.

 

Toda la mañana

                        dibujando apariciones –

 

el gesto

            del descenso,

 

así,

aquí te alcanzo,

 

            la mano por la frente,

el espinazo atento,

 

                        el hilo de hormigas

del amor

 

 

2.

Bajas,

            parte

del sótano es tuyo,

dices:

            Baja,

vamos

por mi parte

de sótano,

 

a palpo,

 

vamos

            raspándonos,

 

lengua de gato

 

 

3.

Niña con tiempo

y calcetines largos,

 

de tan médula fina –

 

Sabemos las direcciones

en la yerba alta,

            dormimos a pigazos,

guardamos el nido

de los cuatro tobillos

 

 

Fruela Fernández: Folk (2013)
 
*
poema muy apropiado para celebrar el 20 de febrero, 
Día Mundial del Gato

 

Reginald Shepherd (1963-2008): Tú, por tanto

A Robert Philen
 

Tú eres como yo, tú también morirás, pero no hoy:

tú, inconmensurable, por tanto las horas brillan:

si te digo “Te digo”, no se te ha puesto

música, no te retransmite

en directo una radio fantasma,

quizá nunca haya óleo

o boceto al carbón de un Maestro Antiguo: concuerdas

en persona, número, voz y lugar, las fresas

se extienden por tu nombre

como matas brotando, cómo me recuerdas

a cierta primavera, frías y claras las aguas

(lluvia tardía en tus hojas, mecidas por la brisa),

por eso aconteces con la luna herbal:

y eres un lirio, un áster, trilio blanco

o viburno, mío de pleno derecho, estrella blanca

en cielo de llanura, la nieve aún llega

de sus viajes terrestres, aquí donde

no hay nieve (soñé que la nieve eras tú

cuando había nieve), tú eres mi derecho,

eres mi lecho (tu cuerpo toma

las dimensiones del sueño, la forma del sueño

se hace tú): y caes del cielo

con flores diversas, palabras se derraman de tu boca

en oleada, tus labios saben a mar, dulces de sal (los árboles

y los mares han partido, a eso le llamo

amarte): hogar en ningún lugar, por tanto tú,

especie de morada y bienvenida, canción después de todo,

libre de todo edén que podamos nombrar

 

Traducción de Fruela Fernández

Christian Morgenstern (1871-1914): La comadreja esteticista


Aquella comadreja
robó una madeja
de buen hilo de oveja.
¿Por qué fue tan zorruna?
La vaca de la luna
me lo contó
en la mina:
La refina-
da bestia
lo hizo por la rima.


Traducción de Fruela Fernández

Abraham Gragera (1973): El león, la herida y la rosa



No sé de dónde vuelven, tan abstractos,
ni quién empuja a quién, por qué se siguen,
por las calles vacías de sí mismos,
como voz al aliento hasta su casa.
Más que un cuadro componen un emblema,
como dos animales fabulosos
o demasiado ciertos para ser
precisos, como dos alrededores
que se juntan sin más a cada instante
para ver si el aliento está en su casa,
o dos despalabrados que se besan
por creer que una casa es solamente
allí donde el aliento llega antes.
No sé con qué decirlos,

si aún deben cumplirse en mi palabra
para estar en mi sangre como el rumbo
que recorrió su sangre hasta su cuerpo,
o se han cumplido ya, como sus gestos
en mi modo de andar o de dormir,
de llamar a las cosas por su ausencia,
por pura educación de lo que existe,
o de amar los milagros sin creer
en milagros; si son, más que un enfermo,
una silla, una mujer; o mi padre,
mi madre y una enfermedad cualquiera,
un león, una herida y una rosa
en un jardín municipal, fundidos
como el viento y el árbol

hacen carne. Es demasiado pronto
para que los recuerden, para ser
sólo un producto de la fantasía,
hijos de una literatura escasa
para lo que vivieron, padres de una
gran emoción política, testigos
de la resurrección. La primavera
se ha equivocado un poco en sus figuras,
los ha dispuesto en un lugar visible,
entre la furia y la delicadeza,
ajenos a la culpa y al perdón,
para ensayar su panta rhei qui tollis
peccata mundi con las otras cosas;
inmunes a mis ojos.

Feliz Nocheviejaccióndegraciasdíadeltrabajo

-La hipótesis más extendida es que volvimos ayer por la noche.

Amigo un poco fiéster. Malasaña, 2 de enero de 2013

Dicho de la música moderna



*Fotógrafo desconocido (1908): "Béla Bártok grabando canciones de campesinos checos".
**Alan Lomax (1952): "Carmen Prieto canta Gerineldo (Arenas de Cabrales)".

Lêdo Ivo (1924-2012): Nuestra Señora de la Corriente

Sólo Dios y los murciélagos habitan
en la Iglesia de Nuestra Señora de la Corriente.
El espíritu invisible se cierne entre los altares
roídos y el viento de Penedo
ciega lentamente los ojos de los santos
que los turistas y anticuarios no conseguirán robar.

Dios es barroco. Dios es como los murciélagos:
volando de noche entre los espacios estrellados
procura chupar la sangre de los hombres
que ennegrecen el día con sus pecados.

En la bóveda de la iglesa que el río a veces invade
los murciélagos esconden su cielo alegórico
eternamente encubierto a los pecadores.
¡Oh cielo negro de los hombres! Bajo el entarimado roto
las ratas se inclinan ante la Presencia eucarística.
Y Nuestra Señora de la Corriente, patrona de los ratones y los murciélagos,
entre flores de papel y velas hediondas
comparte la soledad divina.
¡Oh madre de los hombres, que sonríe radiante en su abandono
como mi propia madre, ruega por mí!


Traducción de Mario Bojórquez

Mahmud Darwix (1941-2008): Sobre esta tierra

Sobre esta tierra hay por qué vivir: los titubeos de abril, el olor del pan al amanecer, el amuleto que una mujer le da a un hombre, las obras de Esquilo, los comienzos del amor, la hierba sobre una piedra, madres en vilo por el hilo de una flauta, y el miedo de los invasores a los recuerdos.

Sobre esta tierra hay por qué vivir: los últimos días de septiembre, una mujer que sale de los cuarenta como melocotón maduro, la hora del sol en la cárcel, nubes que semejan un tropel de criaturas, los vítores de un pueblo a quienes encaran risueños la muerte, y el miedo de los tiranos a las canciones.

Sobre esta tierra hay por qué vivir: sobre esta tierra señora de la tierra, madre de los inicios y madre de los finales. Se llamaba Palestina. Se sigue llamando Palestina. Mi señora: yo tengo, porque tú eres mi señora, tengo por qué vivir.


Traducción de Luz Gómez García