Otro lenguaje, otro comienzo

Andrea Zanzotto: La muerta tibieza de los bosques (Poesía selecta). Traducción de M. Donat y G. Bucci. Vaso Roto. 38,70€.

«Ocurre/ que las afinidades del alma no alcancen/ los gestos y las palabras, pero queden/ difusas como un magnetismo», escribió Eugenio Montale en una elegía que podría servir de motto irónico para las transferencias culturales entre España e Italia: países en apariencia próximos, pero que tienden al desconocimiento mutuo. Quizá esa incompleta cercanía pueda explicar por qué la poesía italiana contemporánea, a pesar de su compleja variedad, permanece tan desatendida en España. Con benévolas excepciones (Pre-textos, Huerga y Fierro, Vaso Roto), las editoriales rara vez nos presentan ese territorio de posguerra (il Secondo Novecento) donde se construyeron las obras de Vittorio Sereni, Edoardo Sanguineti, Antonio Porta, Luciano Erba, Giovanni Raboni o Andrea Zanzotto (1921-2011), a quien esta antología presenta por primera vez con cierto detalle. Hasta ahora, la única edición de Zanzotto disponible en España era una breve edición de Carlos Vitale (Poemas, Pamiela, 1993), que sólo abarcaba la primera época del autor y no llegaba, por tanto, a mostrarlo en su mayor intensidad. La edición de Bucci, en cambio, abarca hasta las últimas obras publicadas en vida del poeta y concede amplio espacio a sus libros centrales: IX Ecloghe (1962), La Beltà (1968), Il Galateo in Bosco (1978) y Fosfeni (1983).
Partiendo de una tradición elegiaca (Rilke, Leopardi, Hölderlin) revisada desde la experiencia del estructuralismo y del psicoanálisis, la poesía de Zanzotto hace pensar de inmediato en las polaridades de la escritura contemporánea definidas por Adorno: la parataxis –la fragmentación, la incapacidad para producir una continuidad en el discurso- y la hipotaxis -la integración forzada, la necesidad de imponer coherencia a elementos que carecen de ella. La peculiaridad de Zanzotto consiste en que estos opuestos parecen reconciliarse temporalmente en el poema: su percepción de la carencia, de la cortedad del lenguaje le lleva a desmoronar las palabras, a entremezclarlas, a transformarlas, a emparentar lenguas, dialectos, jergas y hablas infantiles; esta conciencia de la limitación, sin embargo, no deriva hacia un discurso del silencio y las pequeñas apariciones, sino a una escritura que se amplía y se despliega en un proceso de voces, diálogos, desvíos, asociaciones y correcciones continuas. La insuficiencia de la lengua, concebida de manera trágica por la Modernidad, es aceptada aquí como una «feliz culpa», como el punto de partida para la jovialidad del poema. Si Hölderlin ya advertía que «donde hay peligro/ también crece lo que salva», la poética de Zanzotto asume esa premisa para construirse a partir de la carencia, no amedrentada por ella: «has bebido lengua y mucho más y senderos y musgos intrusos/ pero te aseguras te aprestas te desacuerdas/ te estratificas, leve, bendita, en la oscuridad».

Publicado en “El Cuaderno”, semanario cultural de La Voz de Asturias
18 de marzo de 2012


Andrea Zanzotto y Uttino, su gato [foto: Danilo de Marco]

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