Derek Walcott (1930): Islas


Tan sólo nombrarlas es prosa
de diaristas, quienes se hacen un nombre
entre lectores que alaban como viajeros
las camas y las playas por igual:
pero las islas sólo existen
si hemos amado en ellas. Como el clima
busca su estilo, yo busco un verso
crujiente como arena, claro como sol,
frío como ola encrespada, cotidiano
como un jarro de agua isleña;
pero igual que el diarista saboreo
habitaciones poseídas por la sal
(tu cuerpo tensando el arrugado mar
de embrolladas sábanas), cuyos espejos
pierden nuestras figuras dormidas,
acurrucadas, como palabras que el amor
esperaba usar y borró el oleaje.

Así, como un diarista de arena,
anoto con qué paz bendijiste
ciertas islas, descendiendo
por la estrecha escala para encender lámparas
ante el rumor del oleaje nocturno, tu manto
por escudo, o cómo limpiabas
pescado para la cena,
cebollas, percas, pan y pargos.
Y en cada beso el gusto áspero del mar,
y cómo te entregabas con la luz de la luna
a estudiar la paciencia inquebrantable
de las olas, aunque pareciese en vano.


Traducción de Fruela Fernández

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