Pequeño excurso sobre la constancia, 2

El mundo es un balanceo perenne. Todas las cosas en él se balancean sin cesar: la tierra, los peñascos del Cáucaso, las pirámides de Egipto, un balanceo común y uno propio. El reposo mismo sólo es un balanceo más lánguido. No puedo asegurar nada de mi tema. Avanza confuso y tambaleante en su ebriedad natural. Lo tomo en este punto, como es, en el instante que me entretengo. No pinto el ser. Pinto el paso: no el paso de una edad a otra, ni, como dice el pueblo, de siete en siete años, sino de un día a otro, de un minuto a otro. Mi historia ha de acomodarse a la hora. Es un registro de diversos y mudables accidentes, de sensaciones irresueltas y, cuando toca, contrarias; sea porque yo sea otro yo, sea porque capte los temas en otras circunstancias y consideraciones.

Michel de Montaigne (1588): Essais, III, 2, "Du repentir"

Traducción de Fruela Fernández

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