Mala sangre (fragmento)

Si tuviese antepasados en algún punto de la historia de Francia...

Pero no, nada.

Me parece evidente que siempre he sido raza inferior. No puedo comprender la rebelión. Mi raza sólo se subleva para saquear: como los lobos ante el animal que no han matado.

Recuerdo la historia de Francia, primogénita de la Iglesia. Villano, habría hecho el viaje a Tierra Santa; en mi cabeza, rutas por las llanuras suabas, vistas de Bizancio, murallas de Solima; el culto a María, la ternura hacia el Crucificado despiertan en mí, rodeadas por mil hechicerías profanas. – Leproso, estoy sentado sobre ortigas y vasijas rotas, a los pies de un muro roído por el sol. – Más tarde, soldadesca, habría vivaqueado bajo las noches de Alemania.

¡Ah, más aun! Bailo el aquelarre en un rojo calvero, entre viejas y niños.

Nada recuerdo más allá de esta tierra y del cristianismo. Nunca terminaría de imaginarme en el pasado. Pero siempre solo, sin familia; y en verdad: ¿qué lengua hablaba? Jamás me veo en los consejos de Cristo; ni en los consejos de los Señores – representantes de Cristo.

Qué era yo el siglo pasado… Sólo hoy vuelvo a encontrarme. Ni vagabundos, ni difusas guerras. La raza inferior lo cubre todo – el pueblo, como suelen decir, la razón; la nación y la ciencia.

¡Oh, la ciencia! Todo lo hemos recuperado. Para el cuerpo y el alma, - el viático, - hay la medicina y la filosofía, - los remedios caseros y los arreglos de canciones populares. ¡Y las diversiones de los príncipes y los juegos que ellos prohibían! ¡Geografía, cosmografía, mecánica, química...!

¡La ciencia, nueva nobleza! El progreso. ¡El mundo avanza! ¿Por qué no iba a girar?

Es la visión de los números. Vamos hacia el Espíritu. Es muy cierto, es oráculo lo que digo. Comprendo y, ya que no sé explicarme sin palabras paganas, querría callarme.


Arthur Rimbaud (1873): Une saison en enfer
Traducción de Fruela Fernández

2 comentarios:

Abraham Gragera dijo...

Esto refresca mucho la mirada. Gracias mil. La versión es muy buena.
Abrazo.

Fruela dijo...

gracias, bello. andaba por ahí perdida, desde los tiempos bruselinos - entre Une saison... y La Belgique deshabillée, me quitaron la costra al verano burocrático...
Abrazos