El sentío



Y a esas horas, hartos de vino, se le ocurre a Manolo Caracol de ir a casa de su primo Rafael Ortega. Cogemos un taxi y a casa de Rafael Ortega y estando allí me acuerdo que mandó llamar a Manolo de Huelva, una botella y otra botella y a la media hora llega Manolo. Venga toque, venga cante, venga vino y a las dos horas de fiesta, ya sin poder, nos fuimos a Casa Postigo en la Alameda de Hércules y nos metimos en un cuarto. Pide Caracol una botella de vino, ya pagando porque le pasaba eso que en cuanto tenía dos mil pesetas en el bolsillo ya las tenía gastás, y yo cantando por alegrías con Manolo el de Huelva tocando, cantando y venga a cantar hasta que ya una de las veces, Caracol que estaba con la cabeza apoyá en la mesa devolviendo tó lo que había bebío, levanta la cabeza y le dice al Niño Huelva:

-Manuel, toca ahí por seguiriyas.

Y sale el de Huelva tocando por seguiriyas y sale Caracol cantando...

¡Que se mueran mis hijos, que yo no he visto una cosa igual! Yo llorando como un niño, con los pelos de punta, escuchando al hombre aquel cantar como cantó aquel día después de haberse bebío qué sé yo de vino y devolverlo allí mismo con la cabeza agachá entre las piernas...

¡Que se mueran mis hijos si no es verdá!

Pericón de Cádiz & José Luis Ortiz: Las mil y una historias de Pericón de Cádiz (1975)

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