“Yo estoy allá y no estoy allá, rápidamente estoy acá”

Hace un año -otra vez hace un año: la medida de este yo de ahora-, en Madrid, Martín López-Vega me dio un ejemplar de la Poesía reunida que acababa de publicar Arnaldo Calveyra (Entre Ríos, Argentina, 1929).

Una escritura que me causó una inquietud densa, en cierto modo parecida a la que sentí poco después leyendo a Lorenzo García Vega (Jagüey Grande, Cuba, 1926); la mezla ambigua -de fascinación, de angustia, de alegría- que causa encontrar una textura tan cercana a la que uno está proyectando (el bienestar de una filiación; la incomodidad de una filiación).

[En García Vega encontré una forma de ritmo dudoso, de ritmo que se pone en duda y que se reconoce, se ridiculiza como artificio sin renunciar a su potencia;
en Calveyra, una topografía cercana del lenguaje: la palabra de campo, la presión dialectal sobre la forma literaria, contra ella.]

Ayer, en su casa de la rue Pascal, Arnaldo Calveyra -con su persistente, generosa alegría- me regaló otro ejemplar de la Poesía reunida. De alguna manera, sentí la lógica, la propia del don: un mismo-nuevo libro para un año distinto. Un cierre, un gracias, antes de esta continuidad.

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Duerme el fumigador decano, ha envejecido como envejecen algunos maestros de la costa oriental del Uruguay. Poco a poco la muerte se va cansando de darlo de alta.
Un estuario arrecia, la mente entra en olores. Antes de dormirse nos contó la historia de la laucha que encontró muerta en una lata de conserva.
Y ahora mientras duerme parece estar pensando en otra cosa, tan excluyente el gesto, tan levantadas las cejas. Duerme y respira al mismo tiempo debajo del sauce y en una habitación azotada por respiraciones adversas. Los mosquitos que se posan sobre su frente caen muertos, fulminados al instante.
-Pasado de gas, aclara el compañero,
está a punto de despertarse.

Arnaldo Calveyra: Diario del fumigador de guardia (1951-1983)

1 comentario:

tetrabrik dijo...

un grande, calveyra.