-¿Será la infrecuencia del sexo -dijo Matheessens, mientras su gesto dudaba entre la ironía y el asco- la que te hace tan temerariamente proclive al amor? Una incapacidad, una incapacidad para comprender que la debilidad causada por el sexo no se calma al recubrirlo, como si te vendaras un corte. La debilidad sólo se calma prolongando la debilidad, volviéndola interminablemente continua, desgastándola por extensión. Pero no, tú no, tú te haces una llaga con esa debilidad, y supuras, y dices que es mejor así, que ya pasará.
Wolfgang Koeppen: Auf dem Phantasieroß
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