Las
patatas en el cesto, en el estante más bajo de la despensa, en completa
oscuridad, descuidadas por la cocinera, empiezan a echar brotes. Pero tal vez
son, en verdad, los pequeños dedos de un enano muerto, un enano de la patata al que le siguen retoñando los dedillos.
2 comentarios:
Yo siempre he pensado que más que dedos son ojos, ojos que se quieren comer el mundo, señor Fruela
¿Para cuándo algún poema suyo por aquí?
Por cierto, yo soy partidaria de la teoría de los dedos más que de los ojos, pero la ampliaría incluso un poco más en sentido ascendente: pequeños brazos gordezuelos y siniestros.
M.
Publicar un comentario