Como crítico, mi abuelo es, a su manera, perfecto: impulsivo: siempre en la primera impresión, sin callársela, sin justificarla.
Estos últimos días quiso ver las fotos que estaba haciendo:
- Vale [le dije], pero ten en cuenta que las hago en blanco y negro.
- ¿Pero no me habías dicho que te habías comprado una buena cámara? [me contestó].
Tras ver unas cuantas fotos de las que llevé, se paró, descontento, y me dijo:
- Yo no sé, pero... dime tú: ¿crees que a una persona normal le pueden interesar estas fotos?
Volvió al montón y, cuando casi estaba terminando, añadió:
- Parecen fotos del 41, de esos que iban a Praga, Varsovia...
Me hizo reír. No le dije que eso es, de alguna forma, lo que intento.
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