El ojo ferroso


Me parece que este poema de Héctor Pérez (Llanera, Asturias - 1978) filtra alguna explicación [alguna relación] de estas fotografías.

A los felechos me remito, a los martiellazos
de tobizu que claven fracasu na corteya
de los salgueros. Hubo sílice, habrá
cadabra, pata de cobre, aleación
estrullao escontra’l filu
del alcohol. Cuartu menguante. Cuando aínda
se podría buscar el pulsiu
nes víes del tren. Dello ocle
palpitaba como enromadorios: esguilaba
pela espluma cruxente, esperazábase haza’l sol
enrueñándose nos corcovos de los delfines,
esos rescamplíos azules d’aceru xugoso. Al floriar
per mayu, los raigaños de los mástiles
desordenaben los tesoros somorguiaos. Yera tan hermoso
entós tener alfabetu, a b c dis frutando tanto
tanto
con sólo tanto. Daquella Edá del Fierro
vien esta zuna por mazcar bisagres.


A los helechos me remito, a los martillazos
de musgo que clavan fracaso en la corteza
de los sauces. Hubo sílice, habrá
cadabra, pata de cobre, aleación
estrujada contra el hilo
del alcohol. Cuarto menguante. Cuando aún
se podía buscar el pulso
en las vías del tren. Un resto de algas
palpitaba como enredaderas: trepaba
por la espuma crujiente, se desperezaba hacia el sol
enredándose en los saltos de los delfines,
esos resplandores azules de acero jugoso. Al florecer
por mayo, las raíces de los mástiles
desordenaban los tesoros sumergidos. Era tan hermoso
tener entonces alfabeto, a b c dis frutando tanto
tanto
con sólo tanto. De aquella Edad del Hierro
viene esta manía de mascar bisagras.

Traducción de Fruela Fernández

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