me diréis que no

lo primero que vi en Gijón fue un anuncio de McDonalds en asturiano: ¿FAME? me quedé mirándolo, fascinado, mientras íbamos por la autovía (menos mal que no conduzco): ¿FAME? con una palabra había bastado (pensé) para que me sintiese interpelado, para que sintiera que alguien me decía «TÚ, inequívocamente-tú», pero no alguien cualquiera, sino MCDONALDS, la casa del terror productivo-alimentaria (Ronald McDonald como el Pennywise de IT, de dimensión en dimensión, apropiándose de los terrenos igual que un ectoplasma de carne picada). aún confundido me comí un arroz con bugre en una sidrería de barriada mientras oía a alguien desear que la selección perdiese ante Chile, “porque la xente sabe más de fúbol que de derechos”, decía, “porque si ganen el gobiernu va ponese muy bracu”, decía. fui paseando luego entre carteles de protesta —asociación de parados, comunidad de jóvenes, grupo de pensionistas, Corriente Sindical d'Izquierda— hacia el Muro, hacia el Parchís, poco a poco hacia el parque del Piles y, entonces, las bengalas, los coros, el autobús del Sporting llegando al estadio. subí a la tribuna alta justo cuando el locutor programaba las canciones y pensé (creo que por primera vez) lo triste que es el himno del Sporting, con ese almíbar lingüístico del franquismo (“rancia solera y brillante historial”) pero, sobre todo, con ese tono póstumo, esa sensación de comenzar el canto cuando uno ya ha comprendido que no puede ir muy lejos, que uno ha venido después de las posibilidades (esas que quizá nunca existieron) y tiene que afirmarse tan sólo en la reivindicación (ese “de ti esperamos más” al final, ese reconocimiento de la limitación). mientras un señor contaba los orsay de Scepovic, yo bestemiaba al portero de Las Palmas por perder tiempo, e intentaba deducir a mis vecinos: esta seguro que manda vídeos de corazones por whatsapp. aquel cree que Cascos fue un notable estadista. ese de allí tiene la serie completa de Fast & Furious. la del fondo escucha a Maná y defiende el rescate a los bancos. pero ahí estábamos, con las reacciones sincronizadas, gestualizando y verbalizando un mínimo comunitario, queriendo ser parte de algo. con mi intolerable propensión al símbolo, acabé pensando que aquello tenía formas políticas.

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