el fin de la resignación

pensaba ahora viendo la imputación de la hermana del rey (iba a decir "de la infanta", porque antes la hermana del rey era una señora medio parecida a Lucía Bosé que no salía mucho, pero no, ahora la infanta es una guaja, una guaja "con dientes de leche", según reporta el inestimable Mundo), viendo a la hermana del rey, sí, pensé que el problema de "este país" es la aceptación -por la generación de nuestros padres, de nuestros abuelos- de la política como mal menor: la política se entiende como un espacio de intermediarios, una zona de equilibrio entre las fuerzas mayores del clientelismo y de la dominación tradicional - y que participa, inevitablemente, de ambas. por eso el mal uso, el desvío de la política no se percibe en términos absolutamente negativos, sino como algo inevitable y, en cierta medida, disculpable: "aquel ha robado, pero quién no lo haría... aquella ha enchufado a sus siete sobrinos, pero es lo que hacen todos... del gobierno se van a Endesa, pero es que si a mí me lo ofrecen...". mientras no se conciba la política como un espacio necesario de participación (y de disputa), como un poder construido, ejercido y supervisado socialmente, nada puede cambiar. ahí, en el fin de la resignación, está -permitidme el mesianismo- nuestra tarea colectiva.

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