"Lo sé". Literalmente: “lo he visto”.

El decir, el engranaje lingüístico, es el gran acierto de Folk. El castellano del libro se caracteriza, de un lado, por el sustrato asturiano —destaca la cantidad de zoónimos: pega, merucos, raitán, tordu, chovas...— que el poeta aporta («Somos bardiales», «El sol no es un macelo», «el sol a recudir» o «Sube llindiando») y, de otro, por la aparición de unos abuelos que se expresan directamente en asturiano. Lo mañoso ha consistido en combinar estos elementos de una tradición individual con la tradición colectiva, creando en el lector una tensión al producirse la sensación de estar frente a algo ajeno pero cercano al mismo tiempo. Folk no es un libro de lectura fácil y corrida, pero sí enriquecedor.
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Parte importante del poemario aborda —o está transversalmente cruzado por— cuestiones políticas, pero está lejos de expresar ideología a través de sentencias, discursos manidos, panfletarios, parábolas, paradojas o grandilocuencias. Para evaluar la realidad —ya per se complejamente profunda— Fruela se sirve de esa materialidad que tienen sus poemas. Él mira —cabe recodar que mirar también es una forma de pensar, de sabiduría: οἶδα lo sé [literalmente “lo he visto”]”—, versifica y eso basta. Es la particular forma de mirar lo que crea pensamiento

Guillermo Morales Sillas (2013): "Babel no es maldición". Paraíso

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