Sin ademán no hay regente




Cuando Felipe el Bueno oye que su primo, el Delfín de Francia, ha reñido con su padre y huido a Brabante, interrumpe el asedio de Deventer, que era el preludio para una conquista de Frislandia, y regresa corriendo hacia Bruselas para dar la bienvenida al regio huésped. Cuanto más se acerca el encuentro, tanto más rivalizan ambos sobre cuál de los dos se adelantará al otro para rendirle honores. Felipe siente gran temor de que el Delfín cabalgue a su encuentro; para evitarlo galopa a rienda suelta y envía mensajero tras mensajero, rogando al Delfín que le espere allí donde se encuentre. Si el hijo del rey viniese personalmente a su encuentro, se volvería, le jura, y retrocedería tanto que no lo encontraría en ninguna parte, pues otra cosa se convertiría en burla y en vergüenza para él, el duque, y le sería recordada siempre por el mundo entero. Prescindiendo modestamente de la pompa habitual, entra Felipe en la ciudad de Bruselas, desmonta presuroso ante el palacio y entra en él corriendo. Entonces divisa al Delfín, que ha dejado con la duquesa su aposento y sale a su encuentro al patio con los brazos abiertos. En el acto descubre el viejo duque su cabeza, se postra de hinojos un momento y se adelanta luego presuroso. La duquesa retiene al Delfín para que no dé ni un paso, el Delfín trata de impedir en vano que el duque se arrodille y, luego, de conseguir no menos en vano que se levante. Ambos lloran de emocion, dice Chastellain, y con ellos todos los presentes.



*Monty Python (1970): "The Ministry of Silly Walks".
**Johan Huzinga (1927): El otoño de la Edad Media. Traducción de José Gaos.

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