Philip Levine (1928): Qué es el trabajo


Estamos en una larga fila bajo la lluvia
esperando ante la planta de Ford. Por trabajo.
Ya sabes qué es el trabajo, si tienes edad
para leer esto sabes qué es
el trabajo, aunque tal vez no.
Olvídate. Se trata de esperar,
cambiando de un pie al otro.
Sentir la llovizna caer como una niebla
por tu pelo, emborronando tu visión
hasta que crees ver a tu propio hermano
delante de ti, a unos diez puestos.
Frotas tus gafas con los dedos,
y por supuesto es el hermano
de otra persona, más ancho de espaldas
que el tuyo, pero con la misma forma triste
de encoger los hombros, la sonrisa
que no oculta la tozudez,
la triste voluntad de no rendirse
a la lluvia, a las horas de espera inútil,
a la conciencia de que más adelante
espera un hombre que dirá: «No,
hoy no contratamos», por la razón
que se le antoje. Quieres a tu hermano,
de pronto apenas puedes resistir esa riada
de amor por tu hermano,
que no está a tu lado ni delante ni detrás
porque está en casa intentando
dormir tras el mísero turno de noche
en la planta de Cadillac y así
levantarse antes del mediodía a estudiar alemán.
Trabaja ocho horas por noche para poder
cantar Wagner, la ópera que más odias,
la peor música que se haya inventado.
¿Cuánto tiempo hace que le dijiste
que lo querías, que tomaste sus anchos hombros,
que abriste bien los ojos y dijiste esas palabras,
y quizá le diste un beso en la mejilla? Nunca
has hecho algo tan simple, tan evidente,
pero no porque seas joven o imbécil,
no porque estés celoso o seas mezquino
o incapaz de llorar
en presencia de otro hombre, no,
tan sólo porque no sabes
qué es el trabajo.


Traducción de Fruela Fernández

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