Franz Kafka: Los que pasan corriendo (1908)

Cuando se pasea de noche por una calleja y un hombre, visible ya desde lejos –pues tenemos la calleja ante nosotros y hay luna llena-, viene corriendo en nuestra dirección, nunca lo detendremos, incluso si es débil y andrajoso, incluso si alguien va corriendo y gritando tras él, sino que lo dejaremos seguir corriendo. Porque es de noche y no podemos evitar que la calleja esté ante nosotros, bajo la luna llena, y además quizá han organizado esta persecución para entretenerse, quizá ambos persiguen a un tercero, quizá el primer perseguido sea inocente, quizá el segundo vaya a asesinarlo y seamos, entonces, cómplices de asesinato, quizá esos dos no sepan nada el uno del otro y cada uno vaya corriendo por gusto hacia su propia cama, quizás vagan en la noche, quizá el primero esté armado. Y, al final, ¿es que no tenemos derecho a estar cansados tras haber bebido tanto vino? Estamos contentos, ya no logramos ver al segundo.


Traducción de Fruela Fernández

1 comentario:

Jorge Díaz dijo...

De una noche en la que Franz veía doble.