Los cierres

Leía hace unas semanas la biografía de Michel Foucault escrita por Didier Eribon y el capítulo donde se narra el surgimiento del Grupo de Información sobre las Prisiones me hizo recordar una reseña que apresuré en 2009.

La nota apareció en algún número -no encuentro ahora la referencia- de la revista El Súmmum.

[A este listado de producciones francesas que me atrajeron entonces, tendría que añadir un descubrimiento tardío, aunque avanzara en otra dirección: Irène, el inquietante "cuaderno" de Alain Cavalier que conocí gracias a Diego Llorente.]

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Dos interiores

Se cierra una puerta. Un hombre joven se desviste para el cacheo de los celadores. Se cierra una puerta. Una mujer cruza el pasillo con una tetera. Aunque las historias se aparten en kilómetros, sabemos que, desde ese momento en que giran los goznes, habrá algo entre ellas, porque habrá algo que no permitirá salir.
Las historias aparejadas, conviene precisarlo, son dos de las producciones más interesantes del cine francés en 2009: un largometraje, Un Prophète, y un documental, Kommunalka. Explicadas sus narraciones, parece difícil hallar algún punto común: de una parte, un joven delincuente, Malik, obligado a encontrar el camino de alianzas que exige la prisión; del otro, casi veinte personas –jubilados, viudas, estudiantes- que viven en un apartamento comunitario de San Petersburgo. Pero aquí, como en tantas narraciones, la precisión está en el tono, en la manera de mostrar, de situar. En el fondo, cada una de estas producciones viene de una tradición que ya conocemos: Un Prophète recupera las claves de cualquier Bildungsroman mafiosa, con sus métodos de ascensión, sus cálculos, sus casualidades demasiado precisas; Kommunalka, por su parte, retoma una tradición, la vida en apartamentos colectivos, menos evidente –exceptuada la parodia interesada de Ninotchka-, pero que vertebra la representación espacial de la literatura soviética (Ilf & Petrov, Zoschenko, Grossman, Bulgakov, Brodsky). Por eso aquello que las afirma, a la vez que las acerca, está en ese modo, en esa forma de mostrar que mencioné antes: porque ambas existen como un espacio angustioso, cruelmente interior, donde «el afuera» aparece sólo como posibilidad, como proyecto. Y en esa identificación se muestra la intensidad común a ambas; que es, aunque parezca inesperado, completamente política.
Ahí encuentro –y admito que puede ser una preferencia cuestionable- la relevancia compartida de estas dos historias: en su forma de representar, sin tentación moral, la presión de un entorno económico, social que supera nuestras previsiones. Como ocurría en Caché (Michael Haneke, 2005), otra obra francesa basada en la producción de un ambiente interior, opresivo, Un Prophète y Kommunalka logran presentar un territorio político sin necesidad de declaraciones: Caché se adentraba en la responsabilidad colectiva del racismo francés, regresando a un suceso «reprimido» por el inconsciente colectivo (la masacre policial de argelinos en París el 17 de octubre de 1961); Un Prophète replantea el funcionamiento del sistema carcelario en Francia, cuya estructura arcaica –en reforma pospuesta desde hace décadas- no sólo muestra una de las mayores tasas de suicidios en Europa, sino que contribuye a la reproducción y el refuerzo de la estructura de clanes mediante la necesidad de las alianzas de supervivencia; Kommunalka, en fin, desmonta la situación de las condiciones de habitabilidad en una «nueva Rusia», cuyo avance al capitalismo desarrollado excluyó la compatibilidad con un estado social. Aunque algunos recursos disuenen –los momentos pop de Un Prophète, las escenas «actuadas» de Kommunalka-, ambas películas alcanzan su muestra de ansiedad. Porque ambas logran enseñar esa correlación estructural de sus personajes: los grupos de inmigrantes que, en la película de Audiard, imaginan su futuro en el narcotráfico y su éxito en las compras de lujo; las pensionistas que, en el documental de Huguier, siguen trabajando para pagar la calefacción y describen a sus hombres con piropos como tienes las cejas igual que Bréznev. Son la periferia –el espacio, de nuevo- en un sistema político que tan sólo puede considerarlos como valor de engranaje, si acaso llega a ello.
Se cierra una puerta. Un hombre joven, Malik, sale de prisión, al final de su condena, con un nuevo poder. Se cierra una puerta. Una joven, Natascha, ensaya en la habitación sus bailes de stripper. No se parecen y, sin embargo, cada uno nos hace recordar al otro.


Un prophète (2008, estreno en salas 2009). Dirección: Jacques Audiard. Intérpretes: Tahar Rahim, Niels Arestrup, Adel Bencherif. Chic Films/ Why Not Productions/ Page 114. Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2009.

Kommunalka (2008, estreno en salas 2009). Dirección: Françoise Huguier. Serge Lalou/ Les Films d’Ici. Premio Anna Politkovskaya, Festival de cine de Mujeres de Créteil 2009.

1 comentario:

Blogger dijo...

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