Para ser otro

«Si gana España el Mundial el pulpo tendría razón, dicen algunos. Pero, ¿qué tendría que ver?», comenta Gustavo Bueno, que añade: «Presuponen la verdad, las capacidades numinosas del pulpo. ¿Quién mete eso en la cabeza de la gente? Es algo inexplicable. No creía que en algo tan sencillo como el fútbol, que a fin de cuentas consiste en meter un gol o en no meterlo, algo que lo entiende todo el mundo, pudiesen aparecer estas cosas de magia. Siguen las predicciones del pulpo los mismos que quitan el crucifijo de las escuelas pero, la verdad, Santo Tomás de Aquino nunca habría creído en los vaticinios de Paul que ahora, sin comerlo ni beberlo, se ha convertido en el protagonista de la final del Mundial de fútbol».

«Gustavo Bueno: Quien crea en las predicciones de Paul vive en el salvajismo». La Nueva España, 11 de julio de 2010




En el mismo pasaje describe Schopenhauer el desmesurado espanto que apresa al hombre cuando, de manera súbita, desvaría en las formas de conocimiento del fenómeno, mientras el principio de razón parece sufrir, en alguna de sus configuraciones, una excepción. Si a ese espanto añadimos el deleitoso éxtasis que la destrucción del principium individuationis causa en lo más profundo del hombre, incluso en su misma naturaleza, podremos tener una imagen de la esencia de lo Dionisíaco, a la que podemos también acercarnos por la analogía de la embriaguez.

Friedrich Nietzsche: Die Geburt der Tragödie, 1

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