Dieciséis

Escribo la primera carta de -supongo- amor. Estamos en Salamanca.
Recuerdo la escena en que Rodolphe le escribe a Emma para despedirse. Cae algo de agua en el papel, la tinta se desvae. Rodolphe piensa cambiar el papel, luego lo mantiene: así parecerá que ha llorado, hará creíble una carta cliché.
Yo paso algo de saliva, con el índice, por las últimas frases. Quizá ya me comprendo.

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